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lunes, 1 de septiembre de 2025

Yo lo vivi

 


YO LO VIVI           por Mary Romero

 

El 1ro. de abril del año 1993, murió Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona, padre del Rey Juan Carlos, padre, hijo y nieto de reyes.     Fue enterrado en el panteón de los reyes del Monasterio de El Escorial en Madrid, con honores del rey de España, poseedor de varios títulos debido a la dinastía que descendía.  Yo fui testigo de ese funeral, ya que en esos días estábamos con mi esposo paseando por España y por las calles, los municipios, y las ciudades, en todo lugar de lo único que se hablaba era de la muerte del padre del rey.   Las señales de televisión transmitían en vivo y en directo para que toda la nación pudiera presenciar el entierro del Conde de Barcelona, fue enterrado con el más alto honor humano que un país le puede brindar a una persona, y yo pensaba: ¿Qué habrá sido de su alma? ¿Habría recibido al Señor Jesús como su Salvador? acepto que Jesucristo perdone sus pecados, o tal vez su status o la nobleza a la cual pertenecía no se lo habían permitido. No lo se….      Pero algo se positivamente y lo puedo afirmar sobre otra persona que también paso a la eternidad, las circunstancias fueron muy distintas a la anterior. También en esta oportunidad yo fui testigo.

 

El 31 de agosto del año 1977, en Malaver, Pcia. De Bs. As, en una modesta casa se encontraba un anciano en las ultimas horas de su vida, una cruel enfermedad había deteriorado su cuerpo, a tal grado que parte de el fue amputado, sus seres queridos se daban cuenta que estaba cerca su partida.

 

Estaba próxima la medianoche de ese dia cuando su hija que estaba a su lado tomando su mano, ve que su rostro se ilumina, refleja un gozo muy grande, una paz inunda su ser y le dice ¡Mira todo este lugar esta lleno de ángeles! El los veía, su Señor los había enviado para llevarlo a su lado y así con esa sonrisa en su rostro paso a estar en los brazos de Jesús, los ángeles lo escoltaron hasta su entrada al cielo. Ya no más sufrimiento. Ya no más dolor. ¡Descansaba!

Estas son dos historias que viví bien de cerca, no se si al conde de Barcelona lo volveré a ver, pero al otro anciano de humilde condición, sin riquezas económicas, si lo veré…siempre que yo permanezca fiel al Señor Jesús.

 

                El nombre del anciano era Miguel Ramacieri, mi querido abuelo.

 

 

 



 

 

 

 

 

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